¿Puede un sindicato llegar a perjudicar a los trabajadores que representa?
El papel histórico de los sindicatos
Los sindicatos auténticamente representativos han sido y siguen siendo, uno de los mayores contrapesos al poder económico. Gracias a ellos existen jornadas laborales dignas, vacaciones, seguridad social, mejores salarios y condiciones de trabajo que hoy consideramos derechos fundamentales.
Sin sindicatos fuertes, el equilibrio entre el capital y el trabajo simplemente no existiría.
Pero precisamente porque creo en el sindicalismo, considero que también debemos hacernos una pregunta incómoda:
¿Existe un punto en el que un sindicato puede terminar perjudicando a los propios trabajadores que representa?
Ese punto aparece cuando la búsqueda legítima de mejores condiciones deja de considerar la viabilidad de la empresa, de la institución o incluso del sector económico en el que opera.
Ningún empleo existe si antes no existe una empresa capaz de sostenerlo.
Cuando las exigencias dejan de responder a criterios de productividad, competitividad o sostenibilidad financiera y comienzan a convertirse en privilegios difíciles de justificar, el resultado suele ser el contrario al que se pretendía alcanzar: menor inversión, menor competitividad, automatización acelerada y, finalmente, pérdida de empleos.
La historia ofrece múltiples ejemplos. Existen organizaciones que han llegado a exigir beneficios desvinculados del desempeño, mecanismos hereditarios para ocupar plazas, prestaciones desproporcionadas o incrementos imposibles de absorber sin afectar la operación.
En esos casos, el costo termina pagándolo la propia base trabajadora.
El impacto de la tecnología y la automatización
Hoy este riesgo es todavía mayor.
La inteligencia artificial, la automatización y la robótica están reduciendo el costo de sustituir determinadas actividades humanas. Cada incremento injustificado en los costos laborales puede acelerar decisiones empresariales para reemplazar personas por tecnología.
No porque las empresas sean necesariamente insensibles, sino porque necesitan seguir siendo competitivas.
El desafío del sindicalismo del siglo XXI
Por ello, el sindicalismo del siglo XXI enfrenta un desafío diferente al del siglo XX.
Ya no basta con negociar salarios.
Debe negociar productividad.
Debe impulsar capacitación.
Debe promover innovación.
Debe defender el empleo tanto como los derechos laborales.
Proteger los derechos y la permanencia del empleo
Porque la mayor conquista de un sindicato no consiste únicamente en obtener mejores prestaciones, sino en garantizar que esas fuentes de trabajo sigan existiendo dentro de diez o veinte años.
Los sindicatos deben ser una fuerza de equilibrio, no un factor que termine debilitando a las empresas que generan el empleo ni a los trabajadores que dependen de ellas.
Defender a los trabajadores también implica defender la viabilidad del trabajo.






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